Para alguien que aprecie los juegos sigilosos de una inteligencia irónica, y la marginalidad deliberada allí donde la gran mayoría trabaja a full time, la obra resbaladiza y casi inasible de Suárez dibuja en el panorama español contemporáneo algo análogo a lo que pudo dibujar en Francia la obra de Boris Vian. Cuando se los espera en una pantalla de cine o en un escenario, desaparecen bruscamente para mostrarse detrás de las tapas de un libro o de un solo de trompeta; quienes les habían dado cita en una mesa redonda, comprobarán consternados el hueco de su ausencia a la misma hora en que una dueña de asas estupefacta descubrirá que un huésped de amable sonrisa ocupa una silla a la que nadie lo había invitado. De alguna manera cuyo secreto sólo él conoce, Gonzalo Suárez transita desde hace años por los registros más variados de la vida intelectual española, pero esa actitud tránsfuga y casi de fantasma inquieta e incluso enoja a los críticos amantes del orden, los géneros y las etiquetas.
¿Escritor que hace cine, cineasta que regresa a la Literatura? De cuando en cuando hay mariposas que se niegan a dejarse clavar en el cartón de las bibliografías y los catálogos, de cuando en cuando, también, hay lectores o espectadores que siguen prefiriendo las mariposas vivas a las que duermen su triste sueño en las cajas de cristal".
"Les jeux secrets de Gonzalo Suarez", Le Nouvelle Literaire, mayo de 1978
Gonzalo Suarez comenta como preludio a una entrevista a Buñuel:
He venido a ver de cerca de este baturro de rostro de boxeador, bolsas bajo los ojos, le falta un diente, mirada clara, de hombre que sabe verlo todo (de ojo a ojo tiene un horizonte donde cabe la humanidad entera y sus accidentes). Ni miedo ni composición, una bondad integral que nada tiene que ver con la del príncipe Michkin, el idiota de Dostoiewski.Se está quedando sordo, y eso le fastidia. Dice que está cansado de hacer cine, que de buena gana dejaría de rodar de una vez por todas. Miente. Hace cine por la sencilla razón de que vive y respira. Y tiene tanta potencia vital contenida que la sola idea de que este hombre deje algún día de ver y respirar me regocija por inconcebible.
Se le puede cachear, de los pies a la cabeza, por dentro y por fuera, y no se le encuentra el menor rastro de amargura. Este aragonés de su pueblo le ha podido a la vida.
Mis entrevistas anteriores fueron saludables ejercicios. Quisiera hacer este reportaje a golpe de cañón, aunque con silenciador, para que quede casi a la medida de Luis Buñuel.
Y allá voy a decirles, contra mi costumbre (me horrorizan las descripciones), que Buñuel no es precisamente un gigante, pero si un peso semi-pesado y, como dije antes, le falta un diente (a lo mejor más) el rostro macizo y arcilloso con prominencias de tubérculo.
El mejor autorretrato de Buñuel son sus películas, todas, las buenas y las malas. Es más, el mejor autorretrato de Buñuel se lo hizo Goya. ¿Qué puedo añadir ahora yo?
Y ahora yo voy y añado: que este reportaje lo hago porque si no reviento. Y, si no hubiera periódico en el mundo que me lo publicara, pegaría las cuartillas con chinchetas en la pared del pasillo de mi casa, y haría fotocopias, y las repartiría a la salida del metro, y por las calles, y a la entrada de los espectáculos.Aunque no soy aragonés, soy obstinado. Y he tomado esta irrevocable determinación.
Fragmento de una entrevista de Gonzalo Suarez a Dalí:
- Usted es un falso excéntrico.- Soy excéntrico y concéntrico. Puesto que soy una paradoja constante. Pero soy AUTÉNTICAMENTE excéntrico. ¿Por qué dice usted que soy un "falso" excéntrico?- Porque si fuera un AUTÉNTICO excéntrico, haría excentricidades de verdad, como, por ejemplo, regalarme a mí un cuadro. Se sobresalta ligeramente:- Eso sería la cosa menos excéntrica que podría hacer, conociendo mi personalidad. Soy una de las personas más avaras que existen y esa avaricia es claramente lo más excéntrico de mi vida, ya que doy de comer y beber a todos. Mi época está nutrida de Dalí. Lo que me permite ser de una avaricia extraordinaria que es la manera de ser místico. Como místico, me tiene que gustar el dinero. Ya que la mayor obsesión de los alquimistas de la Edad Media era convertirlo todo en oro. Aurificar las cosas es espiritualizarlas.- Bien.- ¿Bien? ¡Bien, no! ¡Muy requetebién! Ustedes siempre son parcos en sus elogios.Intento sacarle de su terreno.- ¿Quiere hablar de fútbol?
- El fútbol no me interesa más que como un preliminar de la desoxidibuluplicacito. Me sobresalto:- ¿Quiere repetirme la palabra, por favor, para que yo, después, pueda escribirla?- Compre el programa de mi exposición, así tendremos diez pesetas más. (No soy místico no avaro, pero no compré el programa).- ¿Sería usted capaz de darme la selección de fútbol ideal?Se desconcierta.- ¿Qué? ¿Cómo?- La selección de fútbol. Esto siempre está de actualidad en España. Tengo la esperanza de que va a contestar algo genial, pero me defrauda:- No sé -me dice-. No conozco los nombres. Ni siquiera la fotografía de Kubala... En seguida se recobra:- Llámeme al hotel a las seis de la madrugada y se lo diré.- Le llamaré -digo, sin titubear. Titubea, y rectifica:- Bueno, a las seis, no. A las seis lo pensaré. Llame usted a las once. Llamé.- Mire -me dijo-. Yo creo que en el fútbol no puede ir nada bien hasta que no se emplee el balón hexagonal.


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